Las costas y archipiélagos del sur de Chile guardan huellas de miles de años de historia. Mucho antes de las ciudades contemporáneas, la independencia de Chile y la colonización española, antiguas comunidades costeras recorrieron los territorios australes desarrollando una profunda relación con el mar, los recursos naturales y los paisajes de la Patagonia norte. Todos estos vestigios son investigados por el arqueólogo Simón Sierralta, encargado del Laboratorio de Arqueología de la Dirección Museológica de la Universidad Austral de Chile, quien este jueves 28 de mayo llegará al Centro de Arte Molino Machmar para presentar su charla: “¿Qué sabemos de los primeros canoeros?”.
A través de hallazgos arqueológicos e investigaciones contemporáneas, la instancia invitará a descubrir como vivían, se desplazaban y construían las primeras sociedades canoeras en Chiloé y el Seno del Reloncaví, mejor conocido como el límite norte de los archipiélagos de la Patagonia.
En entrevista con el CAMM, Sierralta nos da a conocer de qué manera es posible reconstruir parte de la vida de estas antiguas sociedades costeras, que habitaron la zona hace aproximadamente 6 mil años atrás. De igual manera, nos invita a comprender la profunda y compleja historia humana que existe en la actual Región de Los Lagos.

¿Cuáles son las principales temáticas a profundizar dentro de la charla?
La norpatagonia tiene la particularidad de ser un territorio costero, un mundo marítimo de islas, de costas y selvas muy densas, donde incluso en la actualidad la vida humana se desarrolla en torno al agua. Hace no mucho tiempo atrás la movilidad en Chiloé tenía que ver principalmente con la navegación, sumado a la dieta, incluyendo la recolección de mariscos y la pesca. Eso es una particularidad de este lugar, que de hecho generó que nosotros (los arqueólogos) hablemos del “maritorio chilote”, un concepto que se acuño en los años 70 para tratar de dar cuenta cómo la gente habita este espacio.
Ese proceso de ocupación de la costa se estima que inició hace unos 6 mil años atrás. No tenemos evidencia de una previa actividad en la zona. Eso contrasta con la gran antigüedad que tienen las ocupaciones humanas en Monte Verde, por ejemplo, que se encuentran más al interior y que datan desde hace 14 mil 500 años, más del doble del tiempo. En ese periodo, entre un registro y otro, no sabemos muy bien qué es lo que pasa, pero hace 6 mil años la gente comenzó a vivir en la costa y de la costa, especializando su forma de vida en el mar: desarrollaron nuevas formas de navegación y empezaron a consumir alimentos relacionados con este ecosistema.
Una de las discusiones que vamos a plantear es que este proceso ocurrió bastante rápido y se expandió velozmente por todo este espacio. Estas primeras ocupaciones iniciaron cerca de Puerto Montt, pero rápidamente se diversifica a la zona de Valdivia y las islas de Chiloé. A partir de ahí, se vuelve interesante entender: cómo eso ocurrió, cómo lo apreciamos actualmente y cómo eso da un puntapié a una historia que ya no se detuvo.
Uno tiende a asociar las navegaciones ancestrales con las comunidades huilliches ¿De que pueblo estamos hablando exactamente cuando nos referimos a los primeros canoeros?
Es una pregunta muy interesante de problematizar. El pueblo huilliche, siendo parte del pueblo Mapuche, forma parte de una trayectoria histórica que tiene parte de sus raíces en el valle central con el desarrollo agrícola, que ocurrió hace unos 2 mil años. Pero también tienen un gran desarrollo marítimo, especialmente en el sur.
A su vez, sabemos que, en la última parte de la historia, este lugar era habitado por otro tipo de sociedades, distintas a los huilliches, que son los canoeros, tradicionalmente conocidos “chonos”, pero no creo que esa sea una buena etiqueta, porque era una categoría española para nombrar a distintos grupos.
Ahora, que se les reconozca como “chonos”, no quiere decir que sean ajenos a la historia del pueblo huilliche como lo conocemos ahora. Ellos también viven en la costa, también pescan y utilizan barcas. En ese sentido, se vuelve difícil tratar de utilizar divisiones culturales u étnicas que usamos hoy en día, especialmente si pasaron tantos años entre un grupo y otro. Pero evidentemente uno puede ser la base del otro, ya sea en el conocimiento, en el movimiento o en las formas de organización. Son los cimientos de una trayectoria histórica que después se diversifica y se complejiza.
¿Cómo era la relación que tenían lo canoeros con los cuerpos de agua del sur de Chile?
Lo primero que debemos entender es que no hubo ocupación del interior, quizás aún no la hemos encontrado, pero tenemos muchos años donde en esta zona no observamos ocupación en zonas internas, hasta que aparecen las sociedades agrícolas. Ahí ya sabemos que ocupaban el borde del Lago Llanquihue, probablemente el Río Chamiza, Osorno y Chiloé. No hay registros de canoeros en cuerpos lacustres hace 4 mil años.
Entonces, la relación de este pueblo con el agua era fundamentalmente marítima, donde sus principales medios de transporte era la navegación y la gente consumía alimentos del mar, su relación con el agua salada era muy estrecha.
¿Existe evidencia de trayectos de larga distancia por parte de los canoeros?
Lo que nos ha servido mucho para rastrear a estas sociedades es la obsidiana del Volcán Chaitén, un tipo de roca volcánica que tiene una firma científica muy específica, es decir, nosotros podemos analizarla y saber de dónde viene. También sabemos que con la obsidiana construían instrumentos en lugares muy distantes durante este periodo, como por ejemplo en la costa de Valdivia. Eso nos da un rango de movilidad, o por lo menos de intercambio, en una extensión aproximada de 600 kilómetros.
¿Qué otros objetos permiten reconstruir las historias de los antepasados?
Cuando cavamos en los sitios, tratamos de recuperar todas las posibles evidencias materiales de la ocupación humana. Entonces, por ejemplo, recogemos los restos de alimentación, ya que la mayor parte de estos sitios son depósitos que se construyeron a partir del descarte de las valvas de los moluscos que se consumían. En estos conchales también encontramos los restos de los instrumentos de piedra, obsidiana y huesos que creaban. Con esto también tratamos de reconstruir parte su economía ¿Qué es lo que estaban comiendo? ¿Comían más lobos o mariscos? ¿Qué era lo más importante de la dieta? ¿Accedían a los recursos del interior?
¿Por qué crees que este tipo de instancias son interesantes para la comunidad?
Para la gente que vive en la zona creo que puede ser interesante porque les va a dar una perspectiva de profundidad temporal respecto a cómo era la historia antigua de este territorio. Usualmente conocemos la historia más reciente, que obviamente no es falsa, pero que aborda la colonización española y alemana, o el proceso de constitución de la nación chilena, pero este es un territorio que tiene una historia mucho más profunda temporalmente.
Esta charla nos hará prestar más atención a las cosas cotidianas, por ejemplo, un curanto ¿hace cuanto tiempo se come? Vamos a ver, pero probablemente sea una tradición cultural muy antigua. O en caso de que se encuentren con un conchal la gente se dará cuenta que pueden ser restos milenarios, eso te puede hacer reflexionar sobre cómo la gente habitaba en este territorio. En ese sentido, esta charla sirve para abrir una puerta distinta y conocer sobre la historia humana del territorio en que actualmente habitamos.
Si pudieras viajar en el tiempo y retroceder miles de años hasta llegar a la época donde habitaban los primeros canoeros en este espacio ¿Cómo te imaginarías tu rutina siendo parte de su comunidad?
Hay dos cosas que son bien patentes que espero abordarlas en la charla. Primero, que el pasaje era parecido, pero distinto al actual, porque el mar estaba entre seis y ocho metros alto, por lo que muchas playas que nosotros vemos ahora, antes estaban inundadas, entonces la gente se asentaba en lugares más altos. Lo otro es el bosque, ahora vivimos en un espacio que está muy deforestado, lo podemos notar en algunas costas de Chiloé, donde los arboles están relegados a sectores más altos, pero antes la selva valdiviana llegaba hasta el agua. Seguramente la abundancia de animales también era mayor, porque había menos presión, la demografía humana era mucho más pequeña.
Luego, creo que algo muy bonito que pasa cuando empiezas a estudiar a estos cazadores-recolectores, es que te das cuenta que tenían una vida mucho más tranquila que la nuestra, se suele decir que la gente estaba muerta de hambre y que siempre estaba preocupada por eso, pero justamente por esta abundancia de recursos en los lugares que habitaban, vivían con más seguridad. Durante el día salían a pescar o mariscar, probablemente el grupo se dividía, también fabricar la tecnología como parte de un ejercicio cotidiano.
Me imagino una vida mas integral, muy en comunidad y por supuesto con sus respectivas dificultades, no quiero romantizarlo. También pienso en el fuego permanentemente encendido para pasar el frío o cocinar, y me imagino el movimiento de una sociedad con desplazamientos cortos y largos para la obtención de recursos.