Los ganadores de El Color del Sur 2026 cuentan la historia detrás de la obra con ironía y ternura

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Los ganadores de El Color del Sur 2026 cuentan la historia detrás de la obra con ironía y ternura

30 de enero, 2026

  • Casi 800 obras, provenientes desde Arica hasta Punta Arenas, dieron forma a la edición 2026 del concurso de pintura El Color del Sur, cuyos ganadores fueron anunciados el pasado 29 de enero en el Centro de Arte Molino Machmar (CAMM).

La convocatoria artística invitó a una reflexión contemporánea sobre el sur de Chile, abordando su identidad, historia y entorno natural, y estuvo abierta a todas las personas interesadas, sin distinción de trayectoria artística ni rangos etarios. De las obras seleccionadas, 29 integran el catálogo oficial y formarán parte de una exposición colectiva abierta hasta el 29 de marzo en el CAMM. En esta edición, marcada por el anonimato (donde la obra se impuso por sobre el nombre), el certamen puso el acento en la fuerza expresiva y conceptual de las propuestas.

Desde miradas diversas, las y los artistas premiados revelan los procesos, afectos y contradicciones que dieron forma a sus pinturas. Paisaje, memoria familiar, pueblos originarios y vida cotidiana se entrelazan en obras que conciben el sur como un territorio vivido, cargado de historia y afecto. El jurado otorgó premios al primer, segundo y tercer lugar, además de un reconocimiento regional y tres menciones honrosas.

El comité evaluador estuvo conformado por destacados referentes del ámbito artístico y cultural: Daniel Cruz Valenzuela, director del Museo de Arte Contemporáneo (MAC); Concepción Balmes Barrios, artista visual; Jorge González Lohse, pintor, editor y gestor independiente; Amparo Allende Connelly, artista visual y presidenta del directorio del CAMM, y Beatriz Huidobro Hott, historiadora del arte y creadora del certamen.

A continuación, conversamos con quienes obtuvieron el primer, segundo y tercer premio, así como con el Premio Regional de este histórico concurso, que desde sus orígenes ha buscado relevar nuevas miradas sobre el sur del país:

 

 

 

 

 

  • Atardecer en Lemuy: crear desde Chiloé por Yasna Orellana Flores

Para Yasna Orellana, el Premio Regional llegó casi como una sorpresa. Conocía el concurso por amigas pintoras, pero fue recién al ver la convocatoria del año pasado cuando decidió participar, sin expectativas, “para ver qué pasaba”.

Hoy vive en Castro, en Chiloé, desde donde ha construido una práctica artística profundamente ligada al territorio. Su obra “Atardecer en Lemuy”, nace del contacto directo con el paisaje insular y de una elección material cargada de sentido: está pintada sobre tejuelas de alerce recuperadas, encontradas en recorridos cotidianos o en renovaciones de antiguas estructuras. “Me interesa mucho respetar la veta, el color propio del material, que contiene historia, patrimonio cultural y natural”, explica.

Sobre esa superficie irregular emergen grises, fucsias y amarillos que evocan los atardeceres del sur y, sobre todo, la luz. Pintora formada en la Universidad de Chile, la artista reconoce el ejercicio constante de duda frente a su propio trabajo, pero hubo un momento clave: al tomar distancia, pudo ver cómo la luz se abría paso en el contraste entre la pintura y el café natural de la tejuela. Ese fue el gesto que la convenció de enviar la obra.

Para ella, el anonimato del concurso es una de sus mayores virtudes: una instancia democrática donde convergen distintos mundos y trayectorias, y donde lo que importa es la obra antes que el nombre.

  • “Ulen show”: un cruce onírico entre lo ancestral y lo mediático en el sur más austral por Rodrigo Labra Barriga Wholio

Rodrigo Labra Barriga, conocido en el ambiente artístico como Wholio, recuerda el momento del premio con emoción y pocas palabras. “Muy emocionado. Son pocas las palabras”, dice al evocar el reconocimiento recibido. “Ulen show” fue una obra creada especialmente para el concurso, realizada en 12 días de trabajo, con jornadas de hasta 12 horas diarias. Para el artista, el premio llega como una reafirmación en un camino muchas veces solitario, marcado por la constancia y también por las dudas.

“A veces uno tiene bajones porque no siempre encuentra la respuesta del público que quisiera. Por eso este reconocimiento reafirma todo el trabajo que vengo haciendo”, comenta mientras recibe las felicitaciones de quienes se acercan a saludarlo.

Para Wholio, la pintura ganadora se mueve entre lo onírico y lo realista, cruzando dos mundos que, aparentemente, no deberían encontrarse: la cultura selk’nam y la televisión como artefacto mediático. La obra rescata el rito de los pueblos originarios del sur del planeta, que sorprende por su noción de show y espectáculo, entendido como un acto creado para entretener, sorprender y confundir a la audiencia, no muy lejos del propósito que hoy cumplen los medios de comunicación masivos. En la escena conviven árboles, nieve, objetos, figuras humanas y una atmósfera cargada de silencio y misterio. “No tengo una respuesta definitiva de lo que significa el cuadro, sin embargo, la obra propone múltiples lecturas, abiertas a quien la observe”, reconoce.

La obra rescata el rito de los pueblos originarios al sur del planeta sorprenden por su noción de show y espectáculo, creador para entretener, sorprender y confundir a la audiencia, no lejos del propósito actual que tienen los medios de comunicación masivos.

Al igual que otros participantes del certamen, Wholio destaca el anonimato como un elemento clave del concurso: “aquí se premia la pintura, no al artista”. Para él, esto refuerza una idea fundamental: “la obra es lo que finalmente queda para la gente”.

Aunque este es su primer premio, insiste en que lo más importante sigue siendo el trabajo diario, ese que no se ve, donde muchas ideas fallan y solo algunas prosperan. “La valentía de atreverse y la paciencia son parte fundamental de mi proceso creativo”.

  • Recordis, verano de 1987 : memoria y una relación entre hija y madre por María Fernanda Godoy

La postulación de María Fernanda Godoy fue casi un impulso de último minuto: envió su obra a las 11:58, apenas dos minutos antes del cierre del concurso. “Recordis: verano de 1987”, formaba parte de su examen de egreso universitario, y coincidió de manera inesperada con la convocatoria. La emoción llegó primero con el correo de selección y se intensificó al recibir la llamada que la ubicaba entre los primeros lugares, sin saber en cual.

La pintura está inspirada en su madre y nace a partir de una fotografía encontrada casi por azar. Apenas la vio, el corazón se le detuvo. “Era una polaroid: los colores deslavados, el paso del tiempo impreso en la superficie, una imagen frágil y persistente a la vez. En ese instante supe que necesitaba pintarla, inmortalizarla, permitir que esa escena sobreviviera a los años”, dice con la voz temblorosa, aún sorprendida por el premio. En la imagen reconoció de inmediato a Marcela, su madre. No hizo falta preguntar. “Allí estaba, entrando al lago Llanquihue con una polera puesta, sin traje de baño, entregada al agua”, detalla. Una escena mínima, cotidiana, pero profundamente poderosa que permitió que Fernanda se viera cuando ella era niña.

Los colores desgastados y el carácter nostálgico de la obra evocan sueños, recuerdos y una sensación de felicidad profundamente ligada al sur. Aunque la artista ha vivido siempre en Santiago, el paisaje sureño ocupa un lugar central en su imaginario afectivo. La pintura se convierte así en una especie de falso recuerdo: una escena donde madre e hija se encuentran a través del tiempo, unidas por la memoria y el afecto.

  • “La Huiña”, desde el error y la superposición de imágenes por Joaquín Reyes Urrutia

La pregunta que detonó el proceso fue simple y compleja a la vez: “¿Cómo pinto un sur?”. La respuesta llevó a Joaquín Reyes a su historia familiar en Los Ángeles, a la casa de su abuela y a un episodio ocurrido en la cordillera, camino a Antuco. Gallinas, veranos, lago y la presencia de una huiña (descubierta a partir de sus huellas y su forma de cazar), se transformaron en los elementos narrativos de la obra.

“La Huiña fue un proceso largo, de casi dos meses, marcado por el ensayo y el error. La idea inicial de pintar a todos los personajes de amarillo no funcionó, y la obra fue transformándose con el tiempo. La lluvia vibrante, los cambios de color y la superposición de capas fueron construyendo una imagen compleja”, explica.

Los personajes nacen de fotografías del celular: amigos, familiares, su hija. A través de esténciles y transparencias, Reyes trabaja la idea de imágenes sobre imágenes, reutilizando y resignificando formas.

“En 2017 comencé a pintar con acrílico por curiosidad, y me llevó tiempo llegar a un imaginario como este. Probé distintas series y fui pasando por diversos estilos. Me interesa retomar la obra: la idea de imágenes sobre imágenes que se reutilizan”.

Para él, la pintura no es un gesto decorativo, sino una forma de existir y de volver, una y otra vez, sobre su propio imaginario. “Pinto por necesidad; no funciono en la vida si no pinto”, finaliza.

La exposición, que reúne estas y otras propuestas surgidas de la convocatoria abierta, puede visitarse en el CAMM hasta el 29 de marzo, en la Sala de Artes Visuales y en la Sala Molino, desplegándose en ambos pisos del recinto e incorporando además una pintura in situ, lo que refuerza el carácter diverso y territorial del proyecto.