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Jorge Teillier: "engañar la muerte"

Por Marlene Bohle


Como muchos de una época particular en el sur de Chile, mi acercamiento con la poesía y en particular con su rítmico latido, vino en la voz de mi madre que nos recitaba poemas infantiles, antes de dormir. A los cuatro años empecé a ir a la escuela “de gusto”, como se decía entonces y aprendí a leer. Ahí conocí los clásicos poemas infantiles de Mistral, Monvel, Morel, Alegría y otros que ya me cuesta recordar. El primer libro que leí fue Robin Hood, a eso de los siete años. Aunque, para ser honesta, me leía y releía los libros de agricultura que tenía mi padre y muchos de esos aprendizajes me sirven hasta hoy, en mis labores de jardinera y hortelana. Ya en cuarto básico y en una escuela más grande, pude ver un día que traían un cargamento de libros nuevos. Me llené de contento y aún revivo algo de esa extraña emoción, a la que no sé darle nombre, incluso ahora. No eran más de treinta títulos, pero me los leí con verdadera voracidad: Emilio Salgari, Julio Verne, Luisa May Allcot, Víctor Domingo Silva, Baldomero Lillo, Francisco Coloane… Dios, ¡cuánta felicidad puede traer un libro al corazón de un niño!; por ello es que no comprendo el que tantos niños no lean, a pesar de tantos planes y proyectos de incentivo de la lectura, que llevan a cabo los estamentos educativos, las bibliotecas y centros culturales.

La lectura poética era casi inexistente en mi niñez; salvo “El cantar de los Cantares” o los “Proverbios”, que me leía a media lengua mi abuela paterna. En sexto básico, pude leer a Neruda y me quedé atrapada en “Maestranza de noche”. Con este poema se me abrieron puertas y ventanas y supe que la poesía estaba más allá de las palabras y de nosotros mismos. 

Como todo poeta viejo, he leído a los universales, los chilenos, los regionales; en fin. Pero, el poeta que admiro y con el que tengo mayor cercanía es con Jorge Teillier. El primer acercamiento con su poesía lo obtuve desde su libro “Muertes y Maravillas”. Hasta hoy, ese es el libro que nunca ha dejado de hacerme consiente de estar viva y en total certeza de mi finitud. 

Teillier, se me aparece como mi vaso poético primario. La fuente desde la cual emergen todas las cosas y los casos que son significativos en la vida de un ser humano. Aquellos que de veras alimentan y forjan la tesitura humana. La poética de Teillier es esa verdadera y única lucha que damos todos por salvar el pellejo con cada salida o entrada de sol. No hay una manera mejor para batir al enemigo que el verso, aquel hilado de palabras que siempre queda temblando a la entrada de corazón. Esa trama por donde tranquea el tiempo su paso de verdugo, esperando no dejar que huya el recuerdo, la memoria de ese tiempo, el poeta que lo reseña ni el mismo verdugo, que lo subhabita.

 

Marlene Bohle, mayo 2020.


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Comentarios: 1
  • #1

    ANTONIETA RODRIGUEZ PARÍS (jueves, 25 junio 2020 19:08)

    MARLENE, Excelente el texto que nos muestra como llegaste hasta Teillier el poeta que también me conquistó cuando me respondió la carta que le escribí


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